Mientras llevaba a mi boca un trozo de un delicioso sándwich,
miré el rostro de esa mujer, siempre pensé que detrás de su joven faz habrían datos interesantes que como curioso me ayudaban a entender ciertas cosas...
Atiné a decirle... aún no estás lista para tener a alguien en tu vida verdad?
Ella me respondió: No, es que siento que no quiero nada con nadie ahora.
Asenté con mi cabeza, mis labios hicieron presión y le dije... ¿Tienes miedo verdad?
Fue cuando ella, con mirada hacia la mesa cabizbaja, alzó su rostro me miró y no dijo nada... absolutamente nada... fue una mirada de aquellas que te reproduce un sin fin de emociones, desgarrándote la piel, como sentir un corte en el pecho... Fue en ese momento en el cual movió su cabeza respondiendo que sí, sí tenía y tiene miedo...
Tranquila, le dije.
Sé que haz pasado por cosas que no te han hecho creer y sentir que podrías entregarte en cuerpo y alma de manera en que disfrutes todo, desde un beso, abrazo hasta la intimidad, intimidad de aquellas que son placer y que finalmente sonríes, abrazas a tu alma favorita y sientes que seguirá allí, no de aquellas que se dan se levantan, se ríen y cada quien su camino...
Me miró con rostro curioso y entendiendo a lo que me refería, ella sabía que lo decía con razones empíricas.
Para terminar, le prometí que va a llegar el día en que alguien te haga sentir segura de esto, que podrás sentirte completa y la vez libre de entregar con pureza tus deseos y anhelos. Estiré mi brazo, le sonreí y le dije que le admiraba por su forma de pensar.
Seguimos comiendo... pero me dije a mi mismo, es grato y reconfortante saber que reconoces la diferencias, eso me hace completo.
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