martes, 26 de septiembre de 2017

De pies a cabeza

Desde el primero contacto,
sus ojos risueños siguieron intactos.

Sus caderas finas, suaves,
sensibles al tacto.

Dos dedos eran suficientes para rozar y gozar cada rincón,
ni contarles como es cuando tres dedos más se suman a la victoria de las humildes colinas junto a los besos colgados de cada noche y dos ojos de puertas próximo a un vacío entre los próximos dos ojos al frente, no hay duda que ante no puentes nos arriesgamos a soltar la soga centímetros abajo.

Desde sus piernas que prenden fuego, el ombligo mejor amigo de los labios hasta un cuello sensible, no sólo a los besos, sino a la palabra.

De pies a cabeza la niña es más niña y mujer, como cualquier otra, pero con la diferencia entre su mente y lo que hace para dejar al resto mirándonos.

martes, 12 de septiembre de 2017

Colgando de sus caderas.

Cuando llega el día,
recojo mi calma en sus besos,
pero caigo para mantenerme colgado de sus caderas.

De mis manos, la curva preferida,
colgando de sus caderas, incluso imaginándola.

Girar con las manos es peligroso,
podrías alertar a un sospechoso.

Aunque debo ser sincero,
adoro cuando somos dos,
sí, dos de los sospechosos.

Sus caderas, su curva, la línea delgada entre mis deseos y el próximo placer al tacto,
ya debo advertir que llevo días colgando en sus caderas.

Colgando con mis deseos y juntarlos con los suyos.