A él no me lo toques, dijo aquella VOZ.
No pretendas mirarlo a los ojos,
no te concentres en su rostro,
ni mucho menos en lo que dirá...
Él está lleno de emociones,
es un tsunami de palabras,
tiene miedo de concentrar sus mejores líneas y quedar perpetuo en la calle camino a sus corazones.
Él dispara flores como un arma dispara balas, la diferencia es que la bala necesita ser retirada, éstas flores os queda para siempre.
El es niño y hombre, camina de la mano con sus escritos llamados TÚ, porque de cada experiencia recoge palabras de lo que haces.
Él permite que le falles, permite que tu cuerpo sea de cualquiera, lo único que no permite es que el corazón huya.
Él te sonríe como si estuviera enamorado, porque en realidad lo está.
Él se despide sabiendo que deja su alma, sabiendo que el corazón del frente no tardará en enfriarse y querer arder en llamas... llamas de una chimenea frente al mueble con dos cuerpos acurrucados.
Él es arte, él es vida, él es calma, ira, paz, es muestra, detalle, pasión, es lo que sueñas, es lo que anhelas, pero no lo es mientras esa VOZ justo en su oído, de esas voces que al voltear y mirarle su sonrisa te roba el alma y te la devuelve enseguida.
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