Cuando una mirada se queda fija ante la luna que atraviesa la calle, corren fotogramas de una vida llena de sorpresas, recuerdos, promesas...
La vida es un gran desafío, sí que lo es, pero hoy en día recostarse a una pared mirando el negativo de las fotografía mentales es el reto que continúa ya no hay en la vida, sino en el baúl de sorpresas, la mente.
Permítase el ingreso sólo a quien conozca sobre estos negativos, que no pueden ser revelados sin su obra maestra, conozca sus papel fotográfico sólo lo da quien es digno como aquella.
Complicarse es el don, dar vida a una vida más es su tentación, su objetivo en primera instancia cuyo lugar sólo traspasa una frontera llamada la razón hacia la intuición.
A veces no necesitas ser revelador, sólo necesitas un recuerdo o miles de ellos para colgarlos en tu cordel lunar a espaldas de la realidad.
Son aquellos los fotogramas de la vida, punzantes y parpadeantes que mantiene los ojos abiertos mientras observo la ventana, fotogramas inconclusos, pero de tu vida.