escuchar tu voz, en realidad es una melodía matutina.
rutinas hay, se convierten en fusiles de algodón tan suaves como tu voz.
tu presencia no está aquí, ni allá, está en los colores de los sueños, en un altar.
Ahora tengo un sello, un sello espontáneo que dejó un paseo, un paseo experimentado.
En mente tengo memorias, memorias que desgarran mis sueños, sueños que casi se salen de su irrealidad, irrealidad tan real que no distingo si son memorias al final.
Eres un sello espontáneo inexplicablemente perenne.*