tanto que creo que las cosas que fueron aun no terminaron.
Tal vez es un juego, dice mi consciencia,
pero el cuerpo te niega esa tranquilidad que quieres pensar.
Sé realista, aterriza, tómalo en serio me digo a mi mismo,
no siempre es como lo imaginamos.
Las emociones definen y establecen un lugar, una persona en la cual aterriza el bienestar,
mientras el cuerpo se lamenta al decirte que eso no está.
Me gustaría seguir jugando, pero como los niños, sin preocuparse por cuando llega el final del juego, y tan sólo divertirse pensando con seguridad que ciertas cosas nunca terminarán.
Ahora que juego a ser maduro,
debo ser sincero... no es mi fuerte!
Jugar a ser maduro, es tomar la mano de un niño, decirle que el tiempo es medido para disfrutar lo que se sabe, tendrá un final.