Nunca digas nunca me dijo un sabio anciano,
Al cual por casualidad de la vida me dijo: ¿No estás bien verdad?
No señor, bueno no tan bien, le respondí.
Y sin pregurnarme más me dijo, nunca digas nunca digas nunca, a lo cual no supe en donde ubicar esta frase. Mi piel se erizó pensando que se trataba de un intento de distracción, pero mientras los carros pasaban me dijo sientate, se nota en tu caminar y sobre todo en como respiras.
Déjame adivinar, me dijo. ¿Es por una chica verdad?
Y yo no expongo mis debilidades ante la gente, ni siquiera ante mis amigos.
Este señor se había cruzado en mi camino o yo en el suyo...
Atiné a sonreirle y decirle que no pasaba nada, sólo... y fue cuando me partí en dos o al menos eso sentí.
El señor me repitió, lo mismo nunca digas nunca, por más que sufras, no digas nunca, dandome palmadas suaves en mi espalda.
Justo antes de irme apareció una señora de su edad y él le sonrío y ella a él.
Yo sé porque te lo dije y nuevamente sonreí y con un gracias fui a tomar mi carro.
¡Hermoso recuerdo!
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