Aunque volar en mi imaginación era el oficio emocional,
la profesión era permanecer despierto para verla dormir.
Entre mis costumbres despierto, ver sus ojos risueños,
Aunque el hábito, con un beso en la frente,
siempre es pertenecer a su mundo.
Ojo, pertenecer a ese mundo, implicaba olvidar su rostro,
para sostener sus sueños con los brazos y encontrarte con la casualidad de su mirada.
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