Y si fuera cómplice de sus ojos,
Créeme que me volvería su enemigo de vez en cuando para atarle el alma.
Y cuando le suelte, sentir ese vacío para buscarle nuevamente,
volver a ser su cómplice consecuente.
A veces, golpea con la mirada,
lo curioso es que no duele,
Porque trae garantías al roce de su mano.
Es hábil, sus palabras se convierten en ideas,
Como si tuvieran lugar en mi cabeza.
Cuando menos te lo esperas ya llevas un día más inundado de ella.
Poder. Sí, poder es lo que trae entre sus piernas,
ni hablar de sus brazos, el poder es energía para volver a creer que ser cómplice es un arte.
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