Las teorías conspiraban siempre en contra,
Se olvidaba que la teorías comienzan dentro,
Y se termina creyendo que es de afuera.
Después del desastre,
Las oleadas de mujeres muertas,
Las manos frías que se tocaba,
Sólo se pudo creer en un hogar nuevamente,
En una razón para comerse el mundo,
Pintar el universo desde la tierra,
Porque el universo no estaba lejos,
Estaba en nosotros mismos.
Con certeza habría que ser astronauta para saltar como se saltaba,
Nuestro satélite no era la luna,
Era el corazón.
Y por qué negarlo, nuestras manos cometas que chocaban entre sí en cada encuentro.
Era una en un millón,
Y el universo quería sus estrellas,
Esas estrellas que no ves en el cielo,
Si no las que ves en sus ojos.
Ella era un universo,
Con los planetas que no imaginan,
Con agujeros negros que te absorbían,
Pero te renovaban.
El universo no estaba lejos.
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