Por alguna razón su sonrisa no era ajena a mi corazón,
Desarmó y armó mis líneas,
Mis poesías perdidas en el tiempo.
Quien ya conocía mis versos sin antes haberlos leído.
Con quien ya me había tomado un café en otras vidas.
Quien hizo adicto mi bolígrafo a la cafeína,
Quien convocó al dios trueno con su voz,
cual cántico atrayendo el rayo entre mis sueños,
energía suficiente para seguirla, siempre.
A. Espinoza (Nueva Primavera)
No hay comentarios:
Publicar un comentario